Crítica a Saint Maud: Sitges apuesta por el terror elevado

18/10/2020 • MR. MISTERYMAN

Saint Maud marca el debut de Rose Glass que cuenta con la productora A24 para su propuesta de elevated horror de esta edición de Sitges, muy en la línea del terror minimalista que ha apoyado en los últimos años la productora.

Este filme cuenta la historia de Maud, una enfermera con un oscuro pasado, que consigue un trabajo cuidando a Amanda, una antigua bailarina aquejada de un cáncer terminal. Maud es una conversa religiosa reciente con tendencia a autolesionarse -sus escenas de autoflagelación representan algunos de los momentos más incómodos del filme– pero que carece de la firme convicción que acompaña a toda una vida de penitencia y devoción. Cuando su fé es puesta a prueba por Amanda, esa incertidumbre desembocará en una obsesión que le hará autoconvencerse de que debe hacer todo lo posible para salvar su alma.

Saint Maud crítica sitges 2020

Saint Maud es un filme de ritmo pausado y detalles cuidados que se cuece a fuego lento. La película navega por una fina línea de ambigüedad, ofreciendo imágenes que sugieren el estado mental de la protagonista a la vez que respaldan su afirmación de que es un recipiente para el Señor. Esta ambigüedad se hace más pronunciada a medida que avanza su metraje y Glass se niega a proporcionar una confirmación evitando las respuestas fáciles o aplacar a las audiencias que exigen un cierre.

Impecable a nivel formal, con una gran interpretación de su actriz principal y con un estilo visual muy atractivo, quizás se echa en falta un poco más de riesgo a la hora de concluir la historia y el desarrollo, que no por efectista resulta menos previsible, teniendo en cuenta que el filme no siempre está a la altura de sus pretensiones.

Como siempre, esta es la típica película que dividirá a los fans: aquellos más emparentados al elevated horror quizás la disfruten más que los espectadores más apegados al género tradicional.

Crítica a Saint Maud: Sitges apuesta por el terror elevado

18/10/2020 • MR. MISTERYMAN

Saint Maud marca el debut de Rose Glass que cuenta con la productora A24 para su propuesta de elevated horror de esta edición de Sitges, muy en la línea del terror minimalista que ha apoyado en los últimos años la productora.

Este filme cuenta la historia de Maud, una enfermera con un oscuro pasado, que consigue un trabajo cuidando a Amanda, una antigua bailarina aquejada de un cáncer terminal. Maud es una conversa religiosa reciente con tendencia a autolesionarse -sus escenas de autoflagelación representan algunos de los momentos más incómodos del filme– pero que carece de la firme convicción que acompaña a toda una vida de penitencia y devoción. Cuando su fé es puesta a prueba por Amanda, esa incertidumbre desembocará en una obsesión que le hará autoconvencerse de que debe hacer todo lo posible para salvar su alma.

Saint Maud crítica sitges 2020

Saint Maud es un filme de ritmo pausado y detalles cuidados que se cuece a fuego lento. La película navega por una fina línea de ambigüedad, ofreciendo imágenes que sugieren el estado mental de la protagonista a la vez que respaldan su afirmación de que es un recipiente para el Señor. Esta ambigüedad se hace más pronunciada a medida que avanza su metraje y Glass se niega a proporcionar una confirmación evitando las respuestas fáciles o aplacar a las audiencias que exigen un cierre.

Impecable a nivel formal, con una gran interpretación de su actriz principal y con un estilo visual muy atractivo, quizás se echa en falta un poco más de riesgo a la hora de concluir la historia y el desarrollo, que no por efectista resulta menos previsible, teniendo en cuenta que el filme no siempre está a la altura de sus pretensiones.

Como siempre, esta es la típica película que dividirá a los fans: aquellos más emparentados al elevated horror quizás la disfruten más que los espectadores más apegados al género tradicional.