¿Es el cine de terror machista? El problema de las final girl

10/08/2020 · ALICIA REBOLLO


El avance del movimiento feminista en el cine ha traído consigo cambios que no han sido del agrado de todos. La notoriedad de figuras femeninas y su expansión en puestos y sectores que han estado mayoritariamente controlados por hombres, ha provocado la alegría y euforia de muchos, pero también el desagrado de otros.

¿Es el cine de terror machista? El problema de las final girl

10/08/2020 · ALICIA REBOLLO


El avance del movimiento feminista en el cine ha traído consigo cambios que no han sido del agrado de todos. La notoriedad de figuras femeninas y su expansión en puestos y sectores que han estado mayoritariamente controlados por hombres, ha provocado la alegría y euforia de muchos, pero también el desagrado de otros.

San Valentin - Imprint

Uno de los sectores en los que más se ha criticado esto es el cine, especialmente el cine de terror. Hace algunos años se solía dar por hecho que el cine de terror era un género destinado más a los hombres que a las mujeres, en el que un hombre podía demostrar por vigesimoquinta vez su masculinidad al no apartar la mirada de la pantalla ante las escenas más desagradables, mientras que la mujer – indefensa-, buscaba la seguridad del hombro de su macho ante el horror que estaba presenciando.

Pero por suerte, no todo es lo que parece y es que diversos estudios cada año demuestran que la demanda de este género es prácticamente equitativa entre hombres y mujeres. Oscilando la representación femenina entre un 47% y un 49% en taquilla.

No obstante, esto no quiere decir que sea un género feminista, o al menos no como conocemos el feminismo hoy en día y es que, quizás el mayor problema y en dónde más se han centrado las críticas ha sido en la ya tan famosa final girl.

It Follows silla de ruedas

El cuchillo como símbolo fálico

En un primer ciclo de la ola feminista, se consideraba al cine de terror un género misógino que atentaba contra el cuerpo de la mujer, al abusar de manera excesiva de las mutilaciones que se les daba a los personajes femeninos, especialmente a aquellos que no eran «moralmente aceptables». Sin embargo, con la llegada de la final girl todo cambio y se comenzó a ver a la figura de la mujer como una salvadora, como la única e irremplazable heroína capaz de acabar con el mal.

Pero este pensamiento duró bien poco, y es que en contra partida comenzaron a surgir numerosas voces que aclamaban que simplemente se había suavizado la misoginia del género.

Laura Mulvey criticó que «la figura de la mujer solo existe para simbolizar la falta del hombre, estando en una posición pasiva para que los hombres vivan sus fantasías y obsesiones».

Mulvey creía que estas fantasías masoquistas eran la materialización de los deseos de los espectadores masculinos que acudían a las salas de cine para descargar toda su rabia (y deseo) contra las mujeres. Pero Mulvey, al igual que otras autoras que han hablado sobre este tema, también critica el simbolismo en el cine de terror, y es que, según ellas, el cuchillo, la sierra, el hacha o cualquier otra arma de los psycho killers no es otra cosa que un mero símbolo fálico que representa el deseo del hombre de penetrar la figura de esa chica virginal y pura.

Scream 5

Ser virgen te da superpoderes

Aunque en un principio gustó a parte del sector feminista el papel de la final girl, poco a poco se comenzó a criticar los valores que esta representaba: una chica virginal, educada, buena estudiante y que no se metía en problemas.

Normalmente estos personajes pecaban de ingenuas o tontas, y esperaban que viniese otra persona a salvarlas o simplemente optaban por huir en lugar de enfrentarse cara a cara al asesino. Básicamente parecía que estas chicas tenían el superpoder de tener buena suerte por el mero hecho de no ser «promiscuas».

Sin embargo, a raíz de la popularización del género slasher a mediados de los 70 y 80, el rol de la mujer fue cambiando, y el mejor ejemplo es Ripley. Este personaje fue uno de los primeros en el cine de terror en el que vimos como una mujer podía ser representada en pantalla como alguien valiente, fuerte y guerrera. No obstante, esto tampoco gustó, ¿por qué? Porque según estas autoras se estaba masculinizando la figura de la mujer.

Black Christmas (1974)

Hagas lo que hagas está mal

El motivo principal de la crítica es que este tipo de final girl se caracteriza por la ausencia de «feminidad», son como a la autora le gusta llamarlo, la «girl-scout», la que sabe de armas, defensa personal y no está interesada en chicos, algo que según estas autoras se hace para que el público masculino se sienta identificado con la final girl.

Aquí hay varios problemas y es que, en todos estos ensayos feministas sobre el cine de terror, no toman en cuenta que la mitad del público que consume este cine son mujeres. Dan por sentado que el público es en su mayoría varón y que por ende las películas se realizan desde esa perspectiva fálica que no paran de recalcar.

Esta clase de artículos de investigación llevan siguiendo las mismas teorías y críticas desde los años 80, obviando por completo la evolución del género y por otro lado entrando en temas muy peliagudos como los roles de género.

Cuando se critica la falta de feminidad en personajes como el de Ripley o Sarah Connor, lo único que se consigue es expandir más la diferencia entre hombres y mujeres, haciendo ver que una mujer con rasgos «masculinos» no es algo bueno, cuando precisamente lo que se debería buscar es que no hubiese rasgos masculinos o femeninos sino que simplemente cada persona actuase, fuese y se identificase con los rasgos que marca su personalidad y ha ido adquiriendo con la edad.

Todo ese mensaje rancio de «Ripley solo es fuerte porque tiene rasgos masculinos» me recuerda a «los niños no pueden jugar con muñecas y las niñas no pueden jugar al futbol».

Sin embargo, si hay algo que es incluso peor que afirmar esto, es obviar a todos esos personajes femeninos que sin tener «rasgos masculinos» han demostrado tener valentía y un par de ovarios. Algunos ejemplos que quiero recalcar son por un lado, Nancy Thompson quien a pesar de ser una adolescente, tener un padre que pasaba de ella y una madre alcohólica, cuando vio que habían acabado con todos sus amigos se las ingenió para llenar toda su casa con trampas y atrapar a Freddy Krueger; y por otro lado quiero recordar a la protagonista de Hush, un claro ejemplo de scream queen que no puede gritar por su condición de sordo-muda. Maddie es un personaje inteligente, que se las apaña en una casa que está en mitad de la nada y sin poder comunicarse ni pedir ayuda, en acabar con el psicópata que había entrado a intentar matarla. Y como estos, hay muchos más ejemplos.

Es imposible ignorar que en un principio el género estuvo ligado a los convencionalismos de la época, en donde las mujeres debían ser prácticamente monjas para sobrevivir a una película de terror -algo de lo que los hombres tampoco se libraban- pero eso no significa que se deba condenar al género y que ni mucho menos todo eso no esté cambiando. Sin embargo, parece que en esta época de lo políticamente correcto, todo esfuerzo por intentar mejorar es tergiversado y mirado desde otro punto de vista que lleva a la ya tan famosa cultura de la cancelación, en lugar de ser visto como lo que es, un intento de mejorar las cosas.  

San Valentin - Imprint
It Follows silla de ruedas
Scream (1996) Scream 5
Black Christmas (1974)

Uno de los sectores en los que más se ha criticado esto es el cine, especialmente el cine de terror. Hace algunos años se solía dar por hecho que el cine de terror era un género destinado más a los hombres que a las mujeres, en el que un hombre podía demostrar por vigesimoquinta vez su masculinidad al no apartar la mirada de la pantalla ante las escenas más desagradables, mientras que la mujer – indefensa-, buscaba la seguridad del hombro de su macho ante el horror que estaba presenciando.

Pero por suerte, no todo es lo que parece y es que diversos estudios cada año demuestran que la demanda de este género es prácticamente equitativa entre hombres y mujeres. Oscilando la representación femenina entre un 47% y un 49% en taquilla.

No obstante, esto no quiere decir que sea un género feminista, o al menos no como conocemos el feminismo hoy en día y es que, quizás el mayor problema y en dónde más se han centrado las críticas ha sido en la ya tan famosa final girl.

El cuchillo como símbolo fálico

En un primer ciclo de la ola feminista, se consideraba al cine de terror un género misógino que atentaba contra el cuerpo de la mujer, al abusar de manera excesiva de las mutilaciones que se les daba a los personajes femeninos, especialmente a aquellos que no eran «moralmente aceptables». Sin embargo, con la llegada de la final girl todo cambio y se comenzó a ver a la figura de la mujer como una salvadora, como la única e irremplazable heroína capaz de acabar con el mal.

Pero este pensamiento duró bien poco, y es que en contra partida comenzaron a surgir numerosas voces que aclamaban que simplemente se había suavizado la misoginia del género.

Laura Mulvey criticó que «la figura de la mujer solo existe para simbolizar la falta del hombre, estando en una posición pasiva para que los hombres vivan sus fantasías y obsesiones».

Mulvey creía que estas fantasías masoquistas eran la materialización de los deseos de los espectadores masculinos que acudían a las salas de cine para descargar toda su rabia (y deseo) contra las mujeres. Pero Mulvey, al igual que otras autoras que han hablado sobre este tema, también critica el simbolismo en el cine de terror, y es que, según ellas, el cuchillo, la sierra, el hacha o cualquier otra arma de los psycho killers no es otra cosa que un mero símbolo fálico que representa el deseo del hombre de penetrar la figura de esa chica virginal y pura.

Ser virgen te da superpoderes

Aunque en un principio gustó a parte del sector feminista el papel de la final girl, poco a poco se comenzó a criticar los valores que esta representaba: una chica virginal, educada, buena estudiante y que no se metía en problemas.

Normalmente estos personajes pecaban de ingenuas o tontas, y esperaban que viniese otra persona a salvarlas o simplemente optaban por huir en lugar de enfrentarse cara a cara al asesino. Básicamente parecía que estas chicas tenían el superpoder de tener buena suerte por el mero hecho de no ser «promiscuas».

Sin embargo, a raíz de la popularización del género slasher a mediados de los 70 y 80, el rol de la mujer fue cambiando, y el mejor ejemplo es Ripley. Este personaje fue uno de los primeros en el cine de terror en el que vimos como una mujer podía ser representada en pantalla como alguien valiente, fuerte y guerrera. No obstante, esto tampoco gustó, ¿por qué? Porque según estas autoras se estaba masculinizando la figura de la mujer.

Heather Langenkamp en Pesadilla en Elm Street (1984)
Halloween 2
Alien 5 - Sigourney Weaver
Remake Mad Max

Hagas lo que hagas está mal

El motivo principal de la crítica es que este tipo de final girl se caracteriza por la ausencia de «feminidad», son como a la autora le gusta llamarlo, la «girl-scout», la que sabe de armas, defensa personal y no está interesada en chicos, algo que según estas autoras se hace para que el público masculino se sienta identificado con la final girl.

Aquí hay varios problemas y es que, en todos estos ensayos feministas sobre el cine de terror, no toman en cuenta que la mitad del público que consume este cine son mujeres. Dan por sentado que el público es en su mayoría varón y que por ende las películas se realizan desde esa perspectiva fálica que no paran de recalcar.

Esta clase de artículos de investigación llevan siguiendo las mismas teorías y críticas desde los años 80, obviando por completo la evolución del género y por otro lado entrando en temas muy peliagudos como los roles de género.

Cuando se critica la falta de feminidad en personajes como el de Ripley o Sarah Connor, lo único que se consigue es expandir más la diferencia entre hombres y mujeres, haciendo ver que una mujer con rasgos «masculinos» no es algo bueno, cuando precisamente lo que se debería buscar es que no hubiese rasgos masculinos o femeninos sino que simplemente cada persona actuase, fuese y se identificase con los rasgos que marca su personalidad y ha ido adquiriendo con la edad.

Todo ese mensaje rancio de «Ripley solo es fuerte porque tiene rasgos masculinos» me recuerda a «los niños no pueden jugar con muñecas y las niñas no pueden jugar al futbol».

Sin embargo, si hay algo que es incluso peor que afirmar esto, es obviar a todos esos personajes femeninos que sin tener «rasgos masculinos» han demostrado tener valentía y un par de ovarios. Algunos ejemplos que quiero recalcar son por un lado, Nancy Thompson quien a pesar de ser una adolescente, tener un padre que pasaba de ella y una madre alcohólica, cuando vio que habían acabado con todos sus amigos se las ingenió para llenar toda su casa con trampas y atrapar a Freddy Krueger; y por otro lado quiero recordar a la protagonista de Hush, un claro ejemplo de scream queen que no puede gritar por su condición de sordo-muda. Maddie es un personaje inteligente, que se las apaña en una casa que está en mitad de la nada y sin poder comunicarse ni pedir ayuda, en acabar con el psicópata que había entrado a intentar matarla. Y como estos, hay muchos más ejemplos.

Es imposible ignorar que en un principio el género estuvo ligado a los convencionalismos de la época, en donde las mujeres debían ser prácticamente monjas para sobrevivir a una película de terror -algo de lo que los hombres tampoco se libraban- pero eso no significa que se deba condenar al género y que ni mucho menos todo eso no esté cambiando. Sin embargo, parece que en esta época de lo políticamente correcto, todo esfuerzo por intentar mejorar es tergiversado y mirado desde otro punto de vista que lleva a la ya tan famosa cultura de la cancelación, en lugar de ser visto como lo que es, un intento de mejorar las cosas.