La conexión Carolco: recordando El corazón del ángel y La escalera de Jacob

12/11/2019 · Misteryman


Hoy vamos a rendir tributo a dos títulos de una productora muy conocida por todos los aficionados al cine que vivimos la cultura de los 80 y parte de los 90. La compañía en cuestión es Carolco, creada por Mario Kassar y el húngaro Andrew Vajna en 1976 y los títulos, dos auténticas rarezas fílmicas de la época: El corazón del ángel (Angel Heart, 1987) y La escalera de Jacob (Jacob’s Lader, 1990).

Debutando con Evasión o victoria (1981) de John Houston a la que siguió el éxito de Acorralado (1982), protagonizada al igual que su filme anterior por Sylvester Stallone y que iniciaría la saga del famoso boina verde John Rambo. El éxito de Acorralado (125 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto de tan solo 18), dio a Carolco el espaldarazo definitivo para empezar a producir películas ininterrumpidamente hasta el fatídico 1995 cuando el fracaso de La isla de las cabezas cortadas, supuso el punto final a la historia de la productora.

Si hay algo de peculiar de los muchos títulos producidos por Carolco es que, si bien casi todos en su totalidad tienen una clara vertiente comercial, también resulta curioso la adhesión de la productora a una serie de autores a los que concedió total libertad dentro de los márgenes de la industria.

No solo encontramos títulos de Verhoeven (Desafío total, Instinto básico y Showgirls); de Walter Hill (Traición sin límites, Danko: calor rojo y Johnny el guapo); de Roland Emmerich (Soldado universal y Stargate); o de Renny Harlin (Máximo riesgo y La isla de las cabezas cortadas) sino también películas como Chaplin de Attemborough, The Doors de Oliver Stone o La caja de música de Costa Gavras; estas tres últimas con unos muy buenos niveles de producción pero que dieron malos beneficios en taquilla o no funcionaron artísticamente como se esperaba de ellas.

Evasión o victoria (1981)

Presupuesto 10mill. de dólares
Recaudación 27.4mill. de dólares

Acorralado (1982)

Presupuesto 18mill. de dólares
Recaudación +100mill. de dólares

La isla de las cabezas cortadas (1995)

Presupuesto 98mill. de dólares
Recaudación 18.5mill. de dólares

Debutando con Evasión o victoria (1981) de John Houston a la que siguió el éxito de Acorralado (1982), protagonizada al igual que su filme anterior por Sylvester Stallone y que iniciaría la saga del famoso boina verde John Rambo. El éxito de Acorralado (125 millones de dólares a nivel mundial con un presupuesto de tan solo 18), dio a Carolco el espaldarazo definitivo para empezar a producir películas ininterrumpidamente hasta el fatídico 1995 cuando el fracaso de La isla de las cabezas cortadas, supuso el punto final a la historia de la productora.

Si hay algo de peculiar de los muchos títulos producidos por Carolco es que, si bien casi todos en su totalidad tienen una clara vertiente comercial, también resulta curioso la adhesión de la productora a una serie de autores a los que concedió total libertad dentro de los márgenes de la industria.

No solo encontramos títulos de Verhoeven (Desafío total, Instinto básico y Showgirls); de Walter Hill (Traición sin límites, Danko: calor rojo y Johnny el guapo); de Roland Emmerich (Soldado universal y Stargate); o de Renny Harlin (Máximo riesgo y La isla de las cabezas cortadas) sino también películas como Chaplin de Attemborough, The Doors de Oliver Stone o La caja de música de Costa Gavras; estas tres últimas con unos muy buenos niveles de producción pero que dieron malos beneficios en taquilla o no funcionaron artísticamente como se esperaba de ellas.

Evasión o victoria (1981)

Presupuesto (estimado) 10mill. de dólares
Recaudación (mundial) 27.4mill. de dólares

Acorralado (1982)

Presupuesto 18mill. de dólares
Recaudación +100mill. de dólares

La isla de las cabezas cortadas (1995)

Presupuesto 98mill. de dólares
Recaudación 18.5mill. de dólares

A medio camino de ambos propósitos (pues ambas películas intentan aunar comercialidad con autoría), podemos situar los dos títulos adscritos al género fantástico que compartieron destinos parecidos el día de su estreno y que hoy gozan de un extraordinario objeto de culto: El corazón del ángel (Angel Heart, 1987) y La escalera de Jacob (Jacob’s Lader, 1990).

Porque si bien ambas películas son hijas de su tiempo y de los efectismos de la época, también sirvieron para confirmar a Alan Parker como cineasta todo terreno y para que Adrian Lyne ganara prestigio tras sus primeros filmes que en general, fueron vapuleados por la crítica pese a ser éxitos comerciales (9 semanas y media, Flashdance y Atracción fatal).

La verdad es que ambas películas poseen un tratamiento estético muy similar; es su cinematografía junto con el diseño de producción de Brian Morris, lo que convierten a ambas películas en experiencias realmente intensas y memorables, amén de unas interpretaciones muy ajustadas de sus actores principales y del elenco de secundarios.

El corazón del ángel (1987)

Presupuesto 17mill. de dólares
Recaudación 17.1mill. de dólares

La escalera de Jacob (1990)

Presupuesto 25mill. de dólares
Recaudación 26mill. de dólares
Fuentes: The Numbers / Box Office Mojo

El corazón del ángel (1987)

Presupuesto 17mill. de dólares
Recaudación 17.1mill. de dólares

La escalera de Jacob (1990)

Presupuesto 25mill. de dólares
Recaudación 26mill. de dólares
Fuentes: The Numbers / Box Office Mojo

A medio camino de ambos propósitos (pues ambas películas intentan aunar comercialidad con autoría), podemos situar los dos títulos adscritos al género fantástico que compartieron destinos parecidos el día de su estreno y que hoy gozan de un extraordinario objeto de culto: El corazón del ángel (Angel Heart, 1987) y La escalera de Jacob (Jacob’s Lader, 1990).

Porque si bien ambas películas son hijas de su tiempo y de los efectismos de la época, también sirvieron para confirmar a Alan Parker como cineasta todo terreno y para que Adrian Lyne ganara prestigio tras sus primeros filmes que en general, fueron vapuleados por la crítica pese a ser éxitos comerciales (9 semanas y media, Flashdance y Atracción fatal).

La verdad es que ambas películas poseen un tratamiento estético muy similar; es su cinematografía junto con el diseño de producción de Brian Morris, lo que convierten a ambas películas en experiencias realmente intensas y memorables, amén de unas interpretaciones muy ajustadas de sus actores principales y del elenco de secundarios.

Tim Robbins y Elizabeth Peña en La escalera de Jacob (1990)

En Jacob’s Ladder, observamos el desmoronamiento mental de Jacob Singer, obsesionado con su pasado en Vietnam y con la muerte prematura de su hijo, y su posterior descenso escalera abajo a una pesadilla alucinatoria donde le es imposible discernir que es real. El operador Jeffrey L. Kimball realza el contraste entre la atmósfera diurna del apartamento de Jake que no tiene iluminación directa, solo luz difusa que asoma tras las cortinas, con el retrato de la ciudad de Nueva York nocturna, una autentica urbe decrépita y sombría de suciedad y podredumbre gracias a esos planos del metro o del hospital que nos remiten a un ambiente de pesadilla, junto con un purgatorio infinito en el que caben varios niveles de realidad que arrastrarán al protagonista a un viaje de no-retorno desde las tinieblas hasta la luz.

Fotografía superior: Tim Robbins & Elizabeth Peña en La escalera de Jacob / Carolco Pictures

En Jacob’s Ladder, observamos el desmoronamiento mental de Jacob Singer, obsesionado con su pasado en Vietnam y con la muerte prematura de su hijo, y su posterior descenso escalera abajo a una pesadilla alucinatoria donde le es imposible discernir que es real. El operador Jeffrey L. Kimball realza el contraste entre la atmósfera diurna del apartamento de Jake que no tiene iluminación directa, solo luz difusa que asoma tras las cortinas, con el retrato de la ciudad de Nueva York nocturna, una autentica urbe decrépita y sombría de suciedad y podredumbre gracias a esos planos del metro o del hospital que nos remiten a un ambiente de pesadilla, junto con un purgatorio infinito en el que caben varios niveles de realidad que arrastrarán al protagonista a un viaje de no-retorno desde las tinieblas hasta la luz.

Tim Robbins y Elizabeth Peña en La escalera de Jacob (1990)
Mickey Rourke en El corazón del ángel (1987)

De un modo similar, en Angel Heart a través del prestigioso operador Michael Seresin somos testigos del proceso de deterioro físico y espiritual de Harry Angel mientras le acompañamos por la ciudad de Nueva York hasta la sofocante Nueva Orleans. La fotografía utiliza colores apagados y monocromáticos mostrando una atmósfera sudorosa, asfixiante, altamente sexualizada, perturbadora y onírica que va tejiendo una tela de araña sobre el protagonista (un fantástico Mickey Rourke) cuyo aspecto cada vez más sucio, desaliñado y alicaído nos anticipa el viaje interior al que su personaje se dirige en última instancia.

Fotografía superior: Mickey Rourke en El corazón del ángel / Carolco Pictures

Mickey Rourke en El corazón del ángel (1987)

De un modo similar, en Angel Heart a través del prestigioso operador Michael Seresin somos testigos del proceso de deterioro físico y espiritual de Harry Angel mientras le acompañamos por la ciudad de Nueva York hasta la sofocante Nueva Orleans. La fotografía utiliza colores apagados y monocromáticos mostrando una atmósfera sudorosa, asfixiante, altamente sexualizada, perturbadora y onírica que va tejiendo una tela de araña sobre el protagonista (un fantástico Mickey Rourke) cuyo aspecto cada vez más sucio, desaliñado y alicaído nos anticipa el viaje interior al que su personaje se dirige en última instancia.

Fotografías superior e inferior: Tim Robbins & Elizabeth Peña en La escalera de Jacob / Carolco PicturesFotografía izquierda: Mickey Rourke en El corazón del ángel / Carolco Pictures
La escalera de Jacob (1990)

Otro de los puntos de conexión de ambas películas son sus características psicosexuales. Por ejemplo, en Angel Heart el exceso formal de Parker hace que los momentos oníricos estén cargados de un erotismo punzante, agresivo e impactante que hace que la película pueda caer en efectismos baratos pero que rebosan carnalidad y sensualidad, especialmente en el personaje de Lisa Bonet (basta recordar la sangrienta escena de sexo incestuosa entre Bonet y Rourke).

Sin embargo, Lyne en Jacob’s Ladder, inunda las conversaciones y los encuentros físicos con una tensión primaria y latente. A diferencia de sus otras películas basadas en una ternura cuasi-adolescente, lo erótico aquí alude a un mal vasto y paranoico, y el estilo de Lyne es implacablemente sobrio, evitando la música a favor de transiciones graduales del mundo real al infierno en la mente de Jacob.

Fotografía superior: Tim Robbins & Elizabeth Peña en La escalera de Jacob / Carolco Pictures

Otro de los puntos de conexión de ambas películas son sus características psicosexuales. Por ejemplo, en Angel Heart el exceso formal de Parker hace que los momentos oníricos estén cargados de un erotismo punzante, agresivo e impactante que hace que la película pueda caer en efectismos baratos pero que rebosan carnalidad y sensualidad, especialmente en el personaje de Lisa Bonet (basta recordar la sangrienta escena de sexo incestuosa entre Bonet y Rourke).

Sin embargo, Lyne en Jacob’s Ladder, inunda las conversaciones y los encuentros físicos con una tensión primaria y latente. A diferencia de sus otras películas basadas en una ternura cuasi-adolescente, lo erótico aquí alude a un mal vasto y paranoico, y el estilo de Lyne es implacablemente sobrio, evitando la música a favor de transiciones graduales del mundo real al infierno en la mente de Jacob.

La escalera de Jacob (1990)
Mickey Rourke en El corazón del ángel (1987) [2]

Ambas películas constituyeron las únicas incursiones en el cine de terror de sus autores y demostraron una vez más, que el terror no solamente es un género artesanal reservado a un grupo de especialistas consagrados al género, sino que por el contrario, se trata de un género poliédrico que también requiere de autores que pongan sus rasgos estéticos y conceptuales al servicio de una historia.

No obstante, para lograr esa alquimia milagrosa que pueda germinar en algo realmente inolvidable hacía falta ejecutivos con visión y sin restricciones, gente que como bien reflejó Paul Verhoeven en la promoción de Elle (2016) no querían única y exclusivamente hacer filmes para ganar dinero sino que eran personas audaces y aventureras dispuestas a no atar de manos a los autores que estaban al mando de sus proyectos, en definitiva, gente como Kassar y Vajna.

Izquierda: Mickey Rourke | Derecha: Tim Robbins / Carolco Pictures

Tim Robbins en La escalera de Jacob (1990)
Mickey Rourke en El corazón del ángel (1987) [2]

Ambas películas constituyeron las únicas incursiones en el cine de terror de sus autores y demostraron una vez más, que el terror no solamente es un género artesanal reservado a un grupo de especialistas consagrados al género, sino que por el contrario, se trata de un género poliédrico que también requiere de autores que pongan sus rasgos estéticos y conceptuales al servicio de una historia.

No obstante, para lograr esa alquimia milagrosa que pueda germinar en algo realmente inolvidable hacía falta ejecutivos con visión y sin restricciones, gente que como bien reflejó Paul Verhoeven en la promoción de Elle (2016) no querían única y exclusivamente hacer filmes para ganar dinero sino que eran personas audaces y aventureras dispuestas a no atar de manos a los autores que estaban al mando de sus proyectos, en definitiva, gente como Kassar y Vajna.

Fotografía superior: Mickey Rourke en El corazón del ángel / Carolco Pictures

Fotografía inferior: Tim Robbins en La escalera de Jacob / Carolco Pictures

Tim Robbins en La escalera de Jacob (1990)