#Sitges2020 Crítica a Come True: La pesadilla dentro de la pesadilla

15/10/2020 • ALICIA REBOLLO

La propuesta del cineasta canadiense Anthony Scott Burns para el festival de Sitges tiene por nombre Come True, un thriller onírico que aborda las pesadillas y lo que hay tras ellas.

En Come True, Sarah (Julia Sarah Stone) es una adolescente con problemas para conciliar el sueño debido a las horribles pesadillas que sufre cada noche. Por este motivo, Sarah decide participar en un estudio del sueño que lejos de ayudarle a mejorar sus pesadillas, hace que su vida empeore hasta tal punto de no ser capaz de diferenciar la realidad de las pesadillas.

Crítica Come True Sitges 2020

Aunque este no sea un filme redondo hay muchos aciertos en Come True, para empezar, Burns domina perfectamente el encuadre y la composición fotográfica, algo que veremos perfectamente en los largos planos simétricos -y tan aterradores- de las pesadillas de Sarah. Las imágenes son espectaculares, -cosa que también es mérito de Burns ya que también es el director de fotografía– te introducen por completo en el mundo de las pesadillas y en la mente de Sarah creando una atmósfera malrollera que es de agradecer.

Es posible que aquellos que vean esta película sientan que la estética y especialmente los colores de Come True les suena de algo, y es que cuando la vimos no dejábamos de pensar en lo mucho que nos recordaba a It Follows, (todo un alago por nuestra parte).

Pero a pesar de que visualmente es impecable, lo cierto es que el guión se queda bastante corto, no porque no parta de una buena idea, que lo es, y muy interesante, sino porque en momentos parece que Burns se queda en la superficie de esta y no ahonda en todas las posibilidades que abarca el poder de los sueños y por supuesto la revelación final que no diremos para no hacer spoilers. El guión pasa de potencialmente ser muy interesante y con un abanico de posibilidades a centrarse en algo escueto, con menos chicha y estirarlo hasta la hora y tres cuartos.

Pero si hay algo que no nos gustó nada de esta obra fue como Burns introduce esos típicos momentos videocliperos tan propios de los 80s y 90s que podemos encontrar en películas como Donnie Darko. No nos gustó no porque no nos gusten los momentos videocliperos, nos encantan -es más siempre diremos que nuestra escena favorita de Donnie Darko es ese momento Head Over Heels– sino porque Burns no supo introducirlo bien en Come True, haciendo que quedase un tanto ridículo, que nos sacase de la película y nos mirásemos con cara de «¿qué pinta esto aquí?».

No obstante, la sensación general de la película fue buena, especialmente porque nos gustó ese giro final que tiene, que desde aquí advertimos que va a dividir al público entre los que van a amar el giro o lo odiaran.

Con sus aciertos y sus fallos lo que tenemos claro es que seguiremos de cerca la trayectoria de Anthony Scott Burns porque con Come True ha apuntado maneras.

#Sitges2020 Crítica a Come True: La pesadilla dentro de la pesadilla

15/10/2020 • ALICIA REBOLLO

La propuesta del cineasta canadiense Anthony Scott Burns para el festival de Sitges tiene por nombre Come True, un thriller onírico que aborda las pesadillas y lo que hay tras ellas.

En Come True, Sarah (Julia Sarah Stone) es una adolescente con problemas para conciliar el sueño debido a las horribles pesadillas que sufre cada noche. Por este motivo, Sarah decide participar en un estudio del sueño que lejos de ayudarle a mejorar sus pesadillas, hace que su vida empeore hasta tal punto de no ser capaz de diferenciar la realidad de las pesadillas.

Crítica Come True Sitges 2020

Aunque este no sea un filme redondo hay muchos aciertos en Come True, para empezar, Burns domina perfectamente el encuadre y la composición fotográfica, algo que veremos perfectamente en los largos planos simétricos -y tan aterradores- de las pesadillas de Sarah. Las imágenes son espectaculares, -cosa que también es mérito de Burns ya que también es el director de fotografía– te introducen por completo en el mundo de las pesadillas y en la mente de Sarah creando una atmósfera malrollera que es de agradecer.

Es posible que aquellos que vean esta película sientan que la estética y especialmente los colores de Come True les suena de algo, y es que cuando la vimos no dejábamos de pensar en lo mucho que nos recordaba a It Follows, (todo un alago por nuestra parte).

Pero a pesar de que visualmente es impecable, lo cierto es que el guión se queda bastante corto, no porque no parta de una buena idea, que lo es, y muy interesante, sino porque en momentos parece que Burns se queda en la superficie de esta y no ahonda en todas las posibilidades que abarca el poder de los sueños y por supuesto la revelación final que no diremos para no hacer spoilers. El guión pasa de potencialmente ser muy interesante y con un abanico de posibilidades a centrarse en algo escueto, con menos chicha y estirarlo hasta la hora y tres cuartos.

Pero si hay algo que no nos gustó nada de esta obra fue como Burns introduce esos típicos momentos videocliperos tan propios de los 80s y 90s que podemos encontrar en películas como Donnie Darko. No nos gustó no porque no nos gusten los momentos videocliperos, nos encantan -es más siempre diremos que nuestra escena favorita de Donnie Darko es ese momento Head Over Heels– sino porque Burns no supo introducirlo bien en Come True, haciendo que quedase un tanto ridículo, que nos sacase de la película y nos mirásemos con cara de «¿qué pinta esto aquí?».

No obstante, la sensación general de la película fue buena, especialmente porque nos gustó ese giro final que tiene, que desde aquí advertimos que va a dividir al público entre los que van a amar el giro o lo odiaran.

Con sus aciertos y sus fallos lo que tenemos claro es que seguiremos de cerca la trayectoria de Anthony Scott Burns porque con Come True ha apuntado maneras.